dilluns, 6 de febrer del 2012

¿Por qué son menos visibles las mujeres?




¿Por qué son menos visibles las mujeres?

Por: Estrella de Diego| 05 de febrero de 2012
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En estos últimos días el mundo del arte ha recibido dos malas noticias: la muerte de dos artistas. La primera, de Mike Kelley con 57 años, ha dado la vuelta al mundo. La segunda, la de última superviviente del movimiento surrealista, Dorothea Tanning en Nueva York con 101 años, ha tenido menor eco. Se podría argumentar que la muerte de una persona mayor, por esperada, no resulta tan impactante como la de alguien más joven, fallecido además en circunstancias poco claras, pero es sólo la forma de justificar una realidad que, en mi opinión, es muy diferente. Quizás Tanning, como ocurre a menudo con las mujeres, era, sencillamente, menos visible. ¿Cuántas páginas habría dedicado la prensa internacional a la recientemente desaparecida y excepcional poeta Wislawa Szymborska si hubiera sido un Premio Nobel en lugar de una Premio Nobel?


Aunque pese al escaso impacto de la noticia, la norteamericana Tanning fue un mito dentro del Surrealismo. Casada con el también pintor surrealista Max Ernst , su cuarta y última mujer después de Peggy Guggenheim -la galerista y coleccionista neoyorquina-, amiga de Man Ray y Tanguy, Tanning usó la pintura como medio para ganarse la vida hasta que pudo entrar al mundo de arte “ de vanguardia” con sus pinturas misteriosas, simbolistas, las que fascinaron al futuro marido en la visita al estudio de Tanning en 1942. Por esos mismos años se concretaba su colaboración con el coreógrafo Georges Balanchine, desarrollando su actividad como diseñadora de vestuarios y escenografías, hasta que en los 50 su pintura cambiaba de forma radical y empezaba a producir obras más próximas a la fragmentación y al concretismo. A Tanning no le gustaba presentarse como una abanderada del Surrealismo, que para ella había terminado en los 50, y decía con frecuencia que su trabajo había cambiado mucho desde entonces y que ser considerada la “ultima surrealista” le hacía sentirse como "un fósil". Nada más lejos del espíritu de Tanning, quien en los últimos años de su vida se dedicó sobre todo a la literatura, en especial a la poesía.
¿Por qué entonces, con un curriculum extraordinario, tanto profesional como personal, su desaparición ha tenido menos impacto del esperado? ¿Porque era una pintora y no un pintor? Ella misma se rebelaba contra esta división de géneros cuando en 1980 Lea Vergine la invitaba a participar en la muestra de mujeres artistas La otra mitad de la vanguardia. 1910-1940 . De hecho, al final decidía no aceptar la invitación a través de una carta escrita en estos términos: “De verdad que, incluso con mi mejor voluntad, no puedo participar en una exposición que se ocupa sólo de la mitad de los seres humanos (las mujeres) excluyendo a la otra mitad (los hombres). Además ¿y si en realidad no fuera una mujer? Me parece que para un proyecto como el suyo, se exigiría un exámen médico. Sobre todo en este momento en el cual el travestimiento se impone y en el que alguien que parece una mujer acaba por ser... un hombre.”
Y es aquí donde nos encontramos con el viejo dilema de la discriminación positiva y su oportunidad o no. Personalmente, sigo creyendo en ella, aunque estoy de acuerdo con lo que planteaba Tanning hace treinta años: no debería ser necesario segregar a las mujeres. Y sigo creyendo en ella porque treinta años después Tanning y Wislawa Szymborska siguen ocupando menos páginas de las merecidas.

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