dilluns, 13 de febrer del 2012

Hildegarda

Hildegarda nació en Bermersheim en el valle del Rin, actualmente Renania-Palatinado enAlemania, durante el verano del año 1098,1 en el seno de una familia noble alemana bien acomodada.2 Fue la menor de los diez hijos de Hildebert de Bermersheim y Mechtild, y por eso fue considerada como el diezmo para Dios y le fue consagrada desde su nacimiento, según la mentalidad medieval.3 De esta manera, se le dedicó a la vida religiosa y fue entregada para su educación a Jutta de Spanheim, quien era hija del conde Stephan de Spanheim y, por tanto, noble como ella,4 y quien le instruyó en el rezo del salterio, en la lectura del latín —aunque no le enseñó a escribirlo o, cuando menos, no con pericia—, 2 3 en la lectura de la Sagrada Escritura y en el canto gregoriano.

Durante algunos años maestra y discípula vivieron en el castillo de Spanheim. Cuando Hildegard cumplió catorce años, ambas se enclaustraron en el monasterio de Disibodenberg.5 Este monasterio era masculino, pero acogió un pequeño grupo de reclusas en una celda anexa, bajo la dirección de Jutta. La ceremonia de clausura solemne fue celebrada el 1 de noviembre de 1112, participando también Hildegarda, Jutta y otra reclusa más, también infante. En 1114 la celda se transforma en un pequeño monasterio, a fin de poder albergar el creciente número de vocaciones. En ese mismo año emitió la profesión religiosa Hildegarda en manos del obispo Otto de Bamberg,6sujetándose así a la regla benedictina. De esta manera continuó su educación monástica rudimentaria dirigida por Jutta.nota 1

Jutta murió en 1136, con fama de santidad tras llevar una vida de mucha austeridad y ascesis, que incluía largos ayunos y penitencias corporales.7 Hildegarda, a pesar de su juventud, fue electa como abadesa (magistra) de manera unánime por la comunidad de monjas, que en ese momento había crecido más.4

[editar]Visionaria y escritora

Desde muy niña, Hildegarda tuvo visiones. En una hagiografía posterior escrita por el monje Theoderic von Echternach se consignó el testimonio de la propia Hildegard, donde señala que desde los tres años tuvo la visión de «una luz tal que mi alma tembló».8 3 Estos hechos continuaron aún durante los años en que estuvo bajo la instrucción de Jutta, quien, al parecer, se dio cuenta de ellos, a pesar de que Hildegarda los mantenía en secreto. Vivía estos episodios conscientemente,nota 2 es decir, sin perder los sentidos ni sufrir éxtasis.9 Ella los describió como una gran luz en la que se presentaban imágenes, formas y colores; además iban acompañados de una voz que le explicaba lo que veía y, en algunos casos, de música.nota 3

En 1141, a la edad de cuarenta y dos años, le sobrevino un episodio de visiones más fuerte, durante el cual recibió la orden sobrenatural de escribir las visiones que en adelante tuviese.10 A partir de entonces, Hildegarda escribe sus experiencias, que darán como resultado el primer libro, llamado Scivias (Conoce los caminos), que no concluirá hasta 1151. A tal fin, tomó como secretario y amanuense a uno de los monjes de Disibodenberg, llamado Volmar, y, como colaboradora, a una de sus monjas, llamada Ricardis de Stade.6

No obstante, seguía teniendo reticencias en hacer públicas sus revelaciones y los textos resultantes de ellos, por lo que para disipar sus dudas recurrió a uno de los hombres más prominentes y con mayor reputación espiritual de su tiempo: Bernardo de Claraval, a quien le dirigiría una sentida carta pidiéndole consejo sobre la naturaleza de sus visiones y la pertinencia de hacerlas de conocimiento general. En dicha misiva enviada hacia 1146 le menciona al ilustre monje cisterciense que le había visto en una visión «como un hombre que veía directo al sol audaz y sin miedo» y al mismo tiempo que reconoce su debilidad le implora su consejo:

[...]

Padre, estoy profundamente perturbada por una visión que se me ha aparecido por medio de una revelación divina y que no he visto con mis ojos carnales, sino solamente en mi espíritu. Desdichada, y aún más desdichada en mi condición mujeril, desde mi infancia he visto grandes maravillas que mi lengua no las puede expresar, pero que el Espíritu de Dios me ha enseñado que las debo creer. [...]

Por medio de esta visión, que tocó mi corazón y mi alma como una flama quemante, me fueron mostradas cosas profundísimas. Sin embargo, no recibí estas enseñanzas en alemán, en el cual nunca he tenido instrucción. Sé leer en el nivel más elemental, pero no comprenderlo plenamente. Por favor, dame tu opinión sobre estas cosas, porque soy ignorante y sin experiencia en las cosas materiales y solamente se me ha instruido interiormente en mí espíritu. De ahí mi habla vacilante. [...]
Hildegarda a Bernardo, abad de Claraval.11

La respuesta de Bernardo no fue ni muy extensa ni tan elocuente como la enviada por Hildegarda,12 pero en ella le invitaba a «reconocer este don como una gracia y a responder a él ansionsamente con humildad y devoción [...]».13 Además, parece que el abad de Claraval posteriormente intervino ante el papa Eugenio III en favor de Hildegarda, ya que tenía trato personal con el obispo de Roma por ser éste también cisterciense y antiguo discípulo suyo.14

Precisamente, el arzobispo bajo cuya jurisdicción se encontraba el monasterio de Disibodenberg, Enrique de Mainz, quien estaba enterado de las visiones y profecías de Hildegarda, mandó una comisión al papa Eugenio para informarle de lo sucedido y lograr que se declarara sobre la naturaleza de tales dones.15 El papa se encontraba por aquellos días en Tréveris para presidir el sínodo que se celebró en aquella ciudad entre 1147 y 1148.

En 1148, un comité de teólogos, encabezado por Albero de Chiny, obispo de Verdún, a petición del papa, estudia y aprueba parte deScivias.2 El mismo papa leería públicamente algunos textos durante el sínodo de Tréveris y declararía que tales visiones serían fruto de la intervención del Espíritu Santo.16 Tras la aprobación, envió una carta a Hildegarda, pidiéndole que continuase escribiendo sus visiones. Con ello da comienzo no sólo la actividad literaria aprobada canónicamente, sino la relación epistolar con múltiples personalidades de la época, tanto políticas como eclesiásticas, tales como San Bernardo, Federico I Barbarroja, Enrique II de Inglaterra o Leonor de Aquitania, que pedían sus consejos y orientaciones. Tal fue su reconocimiento, que llegó a ser conocida como la Sibila del Rin. La gente la buscaba para escuchar sus palabras de sabiduría, para curarse o para que la guiara.

[editar]Fundadora

Santa Hildegarda y su comunidad de monjas en una miniatura del siglo XIII.

También en 1148 y todavía durante la redacción del Scivias, una visión le hace concebir a Hildegarda partir de Disibodenberg a un lugar «donde no había agua y donde nada era placentero»17 inspirándole así la fundación de un monasterio en la colina de san Ruperto(Rupertsberg), cerca de Bingen al oeste del río Rin, para trasladar a la crecida comunidad y emanciparla de los monjes de Disibodenberg.

Sin embargo, el abad Kuno, entonces abad de Disibodenberg, se opuso a su salida, lo que le contrarió en gran medida, al punto de ocasionarle trastornos físicos, que fueron atribuidos a causas divinas:18

«Decían que había sido engañada por la vanidad. Cuando lo oí, mi corazón se afligió, mi carne y mis venas se secaron, y durante muchos días yací en cama.»
Vita II, V19

Ante esta situación intervino la marquesa Ricardis de Stade (Richardis von Stade),20 madre de la monja que servía de secretaria a Hildegarda, quien logra convencer al arzobispo de Maguncia para que dé la autorización de la salida de las religiosas y para la fundación del nuevo monasterio. Hacia 1150, se trasladó a Rupertsberg con cerca de veinte de sus monjas, obtuvo el permiso del conde Bernardo de Hildesheim,21 propietario del terreno elegido y fundó el monasterio de Rupertsberg, del cual, se convirtió en abadesa.

Por esta época, su asistente y secretaria Ricardis, le abandona para convertirse en abadesa del convento de Bassum en Sajonia, no obstante la tristeza y oposición de Hildegarda, que luego se reflejaron en serias cartas de protesta al arzobispo Hartwig de Bremen, hermano de Ricardis, quien influyó para obtener el cargo abacial, y llegando a apelar hasta al papa, sin conseguir que la monja volviera. Ricardis murió al año de la separación.22

Concluido el Scivias, Hildegarda se dedica en su nuevo monasterio a la elaboración de los libros de contenidos físicos y médicos hasta1158, y a ultimar la colección de cantos que tituló Symphonia armonie celestium revelationum.

En 1165 fundó un segundo monasterio en Eibingen, que visitaba regularmente dos veces a la semana.

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